miércoles, 29 de julio de 2009

Nada es importante.

Lo peor que le puede pasar a un escritor es creer que lo que hace o ha hecho es importante y que debe seguir produciendo obras que estén a la misma altura, hay que tener siempre presente que lo que nos mueve es el placer.
Lo que hacemos es (o será) vanal o trivial, no hay que tomarse en serio a uno mismo.
Si todo lo que uno ha hecho desapareciera, no tendría la menor importancia; la humanidad seguiría su curso sin echar de menos lo que nos parecen disquisiciones profundas y acertadas.

Somos absolutamente prescindibles para la historia.

Si tenemos un oficio y tenemos tambien las armas, el don o el talento para hacerlo bien, y si además nos da un gran placer ejercerlo (y si sobretodo nos hace ganar dinero para vivir), no pensemos en la transcendencia.

Disfrutemos de la vanalidad.